Voices from Abya Yala

Voices from Abya Yala
Photo:tristanphotos.com

Compartiendo sabiduría desde la Sierra Nevada de Colombia: cuatro pueblos y una lección de ayer para el hoy.

Caminando la visión de honrar a los Pueblos Originarios de todo el planeta, junto a las voces vivas hoy en el Sur Global, el l Círculo de Transformación Cultural da inicio con este post a una nueva serie de contenidos escritos, ofreciendo un espacio que permita reflejar la voz del gran territorio del Sur de Abya Yala. Conscientes de que existen diversas Visiones de Mundo en las distintas culturas presentes en el mundo regenerativo y transicionero, queremos compartir algunas de las voces del Sur, buscando abrir  nuevos entendimientos, invitándonos a mirar  con nuevos ojos. Bienvenidos a este hermoso Viaje!!

Cuentan los mayores que antes de que el tiempo tuviera relojes y los mapas se llenaran de líneas divisorias y la tierra de fronteras, la Sierra Nevada de Santa Marta (Gonawindua) emergió del mar como un suspiro profundo de la Tierra. No fue una simple montaña: fue el primer latido. Y en su cima, como si la Madre sembrara estrellas en la tierra, puso a cuatro pueblos con un encargo que no cabía en pergaminos ni constituciones: “Cuidar el equilibrio del mundo.”

Koguis (Kagaba), Arhuacos (Iku), Wiwas y Kankuamos. Se hacen llamar Hermanos Mayores, no por arrogancia, sino porque recuerdan algo que el resto olvidó: que la vida no es un cúmulo de partes, sino una danza de relaciones. Lo llaman la Ley de Origen —y no hay decreto moderno que se le compare. Según esa ley, el río y el pensamiento, el jaguar y la palabra, el trueno y el gesto humano son hilos de una misma trama. Cortar uno, es tensar a todos.

Para cuidar ese tejido, cada pueblo recibió una función. Como si la Sierra, con su lógica de lo circular y lo vivo, hubiese repartido tareas dentro de un cuerpo que respira montaña.

kogui music colombia
tristanphotos.com (mamos con gaitas colombianas/ carrizos)

Narraron entonces los abuelos sabedores de historias que los Kankuamos, ubicados en las faldas donde la selva empieza a volverse sierra, asumieron el papel más doloroso: amortiguadores del golpe. Cuando llegaron los conquistadores —con su cruz reluciente y su sed de oro— fueron ellos quienes ofrecieron el cuerpo. Aceptaron apellidos ajenos, se mezclaron a la fuerza, se borraron en parte para que los otros tres pudieran seguir cuidando el espíritu. ¿Resignación? No. Sacrificio. Como una raíz que muere para que el árbol no caiga.

Los Wiwas, en cambio, aprendieron el arte del equilibrio. No se entregaron, pero tampoco se aislaron. Se acercaron lo suficiente al mundo externo para entenderlo, sin dejar que ese mundo los devorara. Se volvieron traductores: como esas aves que sobrevuelan dos ecosistemas y avisan a uno lo que se gesta en el otro. Ellos, que saben caminar entre dos orillas, hoy nos recuerdan que resistir también es saber escuchar sin perderse.

Los Arhuacos (Iku), con sus mochilas tejidas como mapas del pensamiento, hicieron del lenguaje un puente entre lo sagrado y lo jurídico. No se quedaron en la montaña. Bajaron, hablaron en asambleas, firmaron acuerdos, debatieron constituciones… pero sin dejar de conversar con la Tierra. Mientras unos defendían el bosque con machetes o pancartas, ellos tejían argumentos como quien siembra para el futuro.

Y en lo más alto, donde el viento tiene memoria y los cóndores vigilan en silencio, los Koguis (Kagaba) protegieron el núcleo. Allí donde el mundo olvida rezar, ellos siguieron consultando a los lagos antes de sembrar una papa. Los Mamos, sabios y austeros, sostuvieron el equilibrio con el pensamiento, como quien impide que una vela se apague en medio del vendaval. Si todos bajaron, ellos subieron. Mientras el mundo corría, ellos detenían el tiempo para escucharlo.

Durante siglos, esta arquitectura sutil —invisible para el que sólo ve con los ojos del cuerpo físico — fue una forma de gobierno. No tenían parlamentos ni elecciones, pero sí consultas espirituales antes de cada decisión. Una democracia de la conciencia. Una organización donde la urgencia no mandaba más que el alma. Claro, no todo fue pureza: también llegaron los vicios, el cansancio, la sombra del mercado, los falsos profetas. Pero el latido esencial siguió vivo, como un tambor enterrado bajo el ruido.

Y hoy, cuando los modelos se derrumban como castillos de naipes, esta historia se vuelve más que memoria: se vuelve espejo. Porque, ¿qué comunidad sobrevive sin diversidad de funciones? Unos cuidan las fronteras del cambio, otros tienden puentes, otros sostienen estructuras, otros protegen el fuego interior. Y no hay jerarquía entre ellos: sólo interdependencia.

Pero quizás la lección más incómoda —y por eso más valiosa— sea esta: una comunidad puede ser eficaz, veloz, tecnocrática… y al mismo tiempo vacía. Como un cuerpo sin alma. Y también puede ser muy espiritual, muy inspirada… pero sin acuerdos ni compromisos, se vuelve un poema sin acción. La Sierra nos recuerda que hace falta otra forma de gobernarnos: una que escuche no sólo al pueblo, sino también al río. No sólo al Excel, sino también al silencio.

tristanphotos.com

En tiempos de transición —como los que vivimos—, ¿podría esta cosmovisión ofrecer una brújula o un modelo al servicio del Cuidado de la Vida que también pueda servir en otros territorios y culturas?

¿Qué podríamos aprender, en Transition Network International y en otras organizaciones y movimientos hermanos, si pusiéramos atención al tejido invisible? ¿Qué cambia cuando reconocemos que alguien necesita sostener el alma del proceso, mientras otras personas diseñan talleres, escriben informes o destacan en conferencias?

Tal vez la Sierra no nos esté diciendo nada nuevo. Tal vez sólo nos recuerda algo que sabíamos antes de tener electricidad: que sin corazón, no hay cuerpo que dure. Y que cuidar ese corazón —ya sea en una comunidad, una organización o una transición personal— es una tarea colectiva. Siempre lo ha sido.

Incluso lejos de esas montañas, si logramos acallar el ruido y escuchar de verdad… puede que algo del Corazón del Mundo empiece a latir también en nosotros.

Para quienes sientan el llamado a seguir profundizando en esta cosmogonía, dejamos aquí algunas referencias para que puedan sacar mayor provecho. Son pequeñas hebras de  hilos que nos llevan a otros relatos, otros rostros y otras luces, y que nos pueden permitir acompañarnos en procesos de aprendizaje, reflexión y acción en nuestros propios territorios e historias de otros sitios.


Fuentes:

https://www.onic.org.co/pueblos/1159-wiwa?utm_source

https://www.onic.org.co/pueblos/1109-kankuamo?utm_sourcehttps://elbuenvivir.com.co/pueblos-indigenas/pueblo-kankuamo?utm_source

https://www.dejusticia.org/el-pueblo-kankuamo-como-muralla-de-la-sierra-nevada/?utm_source

https://www.anla.gov.co/eureka/normativa/decretos/decreto-reglamentario-1500-de-2018-linea-negra-de-la-sierra-nevada-de-santa-marta-snsm-indigenas-territorio-ancestral?utm_

https://es.mongabay.com/2021/10/colombia-indigenas-sierra-nevada-evitar-pandemias/

Y por último una largometraje que relata y muestra más a profundidad como trabajan los mamos y su misión en el mundo:https://www.youtube.com/watch?v=Ex2dpcWAbZM&t=304s

Part of the Transition movement